La Brassa Band

El sábado pasado, y aprovechando el extenso programa de los veranos de la villa en Madrid, decidimos hacer algo de ocio alternativo y asistimos al concierto de La Brassa Band en la plaza de Don Antonio de Andrés en Vicálvaro.
La cosa pintaba bien. Nos habíamos sentado a tomarnos una cervecita en una terraza desde la que se tenía una vista excepcional del escenario. La banda sonaba bastante bien, y la plaza estaba muy ambientada. Se mezclaba gente que, como nosotros, había ido expresamente a ver el espectáculo con la gente del barrio que en muchos casos no sabía qué era aquello, pero que se unieron a la juerga sin mayores incovenientes.
Cuando apenas había empezado el espectáculo la tormenta que había estado toda la tarde amenazando con caer comenzó. Los músicos, tras una breve deliberación, se bajaron del escenario, se refugiaron debajo de los árboles, y continuaron tocando entre la gente. Fue chulísimo: verlos tocar tan de cerca, las caras que ponían, los instrumentos que si uno hubiera querido hubiera podido tocar. También a ellos, por supuesto. De hecho hubo algún que otro gracioso que les palmeó la espalda con el comentario de ¡pero si sois de carne y hueso!.
A pesar de que tuvieron que modificar su espectáculo porque no podían utilizar la guitarra y la batería se redujo a una caja, se metieron a la gente en el bolsillo con su buen hacer y su desparpajo. Además de con su música ecléctica nos deleitaron, entre otras cosas, con un solo de batería interpretado con una valla de obra, una mesa tipo merendero de las que ponen en los parques públicos y las cabezas del público a modo de platillos. Como dice Epa, lo tocan todo.
Y más cosas que dice Epa: en estos eventos es donde uno se siente verdaderamente cerca de la música. Pues más cerca imposible.

Haddhar dijo
Yo añadiría al comentario de Epa: "Lo pueden todo". ¿Tema?
Pues sí, en directo es donde se mide la talla de un músico. Todos estos triunfitos de ofertas 3x2 en el Carreful les quitas la banda, les quitas el playback y les quitas el productor que los ha producido (como producto, se entiende), y se quedan en nada. En cambio un músico de verdad se crece ante la proximidad del público y convierte la improvisación en espontaneidad.
Momentos como estos son los que te hacen reconciliarte con la vida.
17 Julio 2006 | 12:51 PM