Ensueño primero
Leyendo este sueño de un coctelero he decidido abrir esta sección para poner en público conocimiento mis poco frecuentes pero realmente complejas aventuras nocturnas.
Y para abrir boca, un sueño que tuve la semana pasada:
Me encontraba en una urbanización que yo identificaba como la mía, pero que nada tiene que ver con la que alberga mi casa real. Se trataba de una serie de edificios no muy altos, dispuestos en semicirculo alrededor de una gran zona verde, todo ello protegido por vallas de alambre, que rodeaban el conjunto por todos lados excepto por uno, que daba a una plaza recoleta, empedrada, sin tráfico y con gran cantidad de locales comerciales, además de una especie de mercadillo bastante concurrido.
Yo salía temprano, atravesando la plaza, dirigiéndome hacia el centro de la ciudad, con algún motivo que en el contexto del sueño estaba claro para mí, pero del que perdí toda referencia una vez me hube despertado.
Cuando llevaba un rato andando, por una ciudad que parecía ser pequeña pero con calles amplias y llenas de tráfico y gente, cobré conciencia de que me había perdido. En ese instante supe también que no hacía mucho tiempo que residía en la urbanización de marras, y por ende, en la ciudad en la que esta se localizaba. Evidentemente, yo, como personaje protagonista de esta historia, tenía que saberlo a priori, pero mi yo soñador no tuvo esta información hasta ese momento.
Lo más curioso para mí es que esta ciudad no me es ajena, como si hubiera sido escenario de otras experiencias oníricas propias anteriores, pero no logro identificarla con ningún lugar real en el que haya vivido o que haya visitado alguna vez. Recuerdo particularmente una especie de restaurante chino bastante grande, situado en una esquina, con un dragón enorme en la fachada, que puede identificarse con todos los locales de este tipo y con ninguno a la vez.
En fin, el caso es que, dado que no sabía situarme, decidí volver a mi casa. Anduve un rato sin tener muy claro dónde estaba, hasta que por fin vislumbré las torres de lo que sin lugar a dudas era el castillo de San José de Valderas, junto al que está mi urbanización, la real y la imaginaria.
Con esta referencia, logré llegar a la plaza recoleta, y desde ella, no sin dificultad, alcanzar mi residencia.
Tras esta experiencia, estaba segura de haber desentrañado el misterio de la distribución de la ciudad, así que decidí salir de nuevo, ya no sé si para resolver lo que había dejado pendiente, o símplemente por demostrarme a mi misma y al mundo que mis días de incertidumbre orientativa habían pasado a mejor vida. Atravesé otra vez la recoleta plaza, para descubrir, asombrada, que había vuelto a perderme. Ya estaba empezando a enfadarme. Como en una pesadilla, llegué de nuevo al restaurante chino, lo cual en el fondo era una ventaja, ya que desde allí sabía regresar a la seguridad de mi hogar.
Cansada, desilusionada, y esta vez sin mediar torre de ningún tipo, vine a dar a la vertiente sur de la urbanización. Se agolpaba allí una cantidad ingente de personas que intentaban acceder a la urbanización, la cual estaba protegida por dos guardias, creo recordar que policías (locales, supongo). No sé cómo, supe que se celebraba en la comunidad una fiesta con motivo del comienzo del verano, y toda esa gente tenía la intención de acudir a ella. Todavía me pregunto por qué no intentaron entrar por la zona no alambrada: supongo que los sueños no tienen por qué seguir una lógica. Al fin y al cabo, sólo son sueños.
Como es natural, yo no podía entrar en la urbanización ya que los policías me impedían el paso. Afortunadamente, un vecino que estaba con ellos me reconoció y les indicó que me dejasen pasar. Esta persona es un vecino mío en la vida real, aunque no tengo relación con él y nunca nos hemos dirigido la palabra. Sin embargo, es de estas personas que por su aspecto y su actitud caen mal aún sin conocerlas. Curioso que fuera precisamente él quien me facilitó el acceso.
Y me desperté. Queda abierto a interpretaciones y comentarios, por supuesto.

maldita dijo
La única interpretación que puedo dar es que estás como una chota. ¿Pero qué mareo de sueño, no?
La verdad es que tampoco soy el mejor ejemplo para hablar: me he pegado media infancia soñando que un loco con un sombrero de copa (con tres, dos o una pluna, según el día), me perseguía con un hacha.
Ya el parre estaba aburrido de encontrarme a las 6 de la mañana muertecica de miedo esperando en la cocina a que alguien se decidiera a levantarse para vigilar mi sueño.
Hoy por hoy ya no tengo fuerzas ni para acordarme de lo que sueño y duermo como una tierna marmotilla. Es lo que tiene la Valeriana, que te deja grogui.
Lo siento, pero es que yo para eso de las interpretaciones oníricas soy un churro.
8 Junio 2005 | 09:43 AM