Pilates
Ayer asistí a mi primera clase de Pilates.
Yo había leído en internet que este método permite sacar el máximo rendimiento al organismo con el mínimo estrés o daño posible, por lo que me había hecho a la idea (inocente que es una) de que sería algo sencillo, indoloro e insípido. Claro que había pasado por alto que uno de los principales objetivos del método es fortalecer el centro de gravedad del organismo, que es, nada más y nada menos, la zona abdominal y lumbar. Y en definitiva la sesión iba de eso: una clase de abdominales a lo bestia que resistí como pude, más por pundonor que por otra cosa.
Justo cuando yo repetía como un mantra el ¡no hay dolor! de Rocky, y mientras una gota de sudor me caía por el canalillo a pesar de no haberme movido ni un milímetro de la colchoneta, va la monitora y suelta: ¡no penseis en nada, sólo concentraos en hacer fuerza con el abdomen!.
¡Ha salido guasona, la jodía!, pensé. Como apriete un poco más, termino la clase con una hernia de hiato, fijo.
Después pude comprobar que la chica está al día en lo que a cine se refiere, aunque no debe de ser muy freak, la susodicha, porque mientras estábamos en una postura difícil de describir, y aún más difícil de mantener, nos dice: ¡esto no lo hace ni el yoda, ese!.
¡No hace falta que lo jures!, pensé yo. Ni el mismísimo Darth Vader con toda la ayuda del lado oscuro de la fuerza aguanta aquello. ¡Seguro, vamos!.
Y luego, para remate, se me acerca y me pregunta: esta es la tercera vez que vienes, ¿no?. Y yo le digo: no, es la primera. ¡Pobrecilla!, me dice. ¡Pues eso digo yo, pobrecilla de mi!. ¡Maldita la hora en que se ocurrió plantificarme en esta clase!.
Me fuí de allí preguntándome si volveré alguna vez. Estoy segura de que la monitora también se lo estará preguntando.
Hoy tengo unas agujetas como no recordaba, en los lumbares, en las piernas (¿pero, dios mío, cuándo ejercité las piernas?), y en el cuello. Sí, sí, en el cuello, porque a falta de fuerza en los abdominales, una tira de donde puede.
Sin embargo, lo que más me duele es mi orgullo. Porque aquella clase estaba llena de señoras cuarentonas que hicieron todo aquello sin rechistar.
Nada, decidido. El lunes que vuelvo.
Su carencia de fe me resulta shhhhhhhh, aaaaahhhhhhhhh molesta.

Epaminondas Pantulis dijo
Ya sabes que yo prefiero salir a correr. Aunque sea con la imaginación :-P
24 Mayo 2005 | 12:00 PM