
El sábado pasado, y aprovechando el extenso programa de los veranos de la villa en Madrid, decidimos hacer algo de ocio alternativo y asistimos al concierto de La Brassa Band en la plaza de Don Antonio de Andrés en Vicálvaro.
La cosa pintaba bien. Nos habíamos sentado a tomarnos una cervecita en una terraza desde la que se tenía una vista excepcional del escenario. La banda sonaba bastante bien, y la plaza estaba muy ambientada. Se mezclaba gente que, como nosotros, había ido expresamente a ver el espectáculo con la gente del barrio que en muchos casos no sabía qué era aquello, pero que se unieron a la juerga sin mayores incovenientes.
Cuando apenas había empezado el espectáculo la tormenta que había estado toda la tarde amenazando con caer comenzó. Los músicos, tras una breve deliberación, se bajaron del escenario, se refugiaron debajo de los árboles, y continuaron tocando entre la gente. Fue chulísimo: verlos tocar tan de cerca, las caras que ponían, los instrumentos que si uno hubiera querido hubiera podido tocar. También a ellos, por supuesto. De hecho hubo algún que otro gracioso que les palmeó la espalda con el comentario de ¡pero si sois de carne y hueso!.
A pesar de que tuvieron que modificar su espectáculo porque no podían utilizar la guitarra y la batería se redujo a una caja, se metieron a la gente en el bolsillo con su buen hacer y su desparpajo. Además de con su música ecléctica nos deleitaron, entre otras cosas, con un solo de batería interpretado con una valla de obra, una mesa tipo merendero de las que ponen en los parques públicos y las cabezas del público a modo de platillos. Como dice Epa, lo tocan todo.
Y más cosas que dice Epa: en estos eventos es donde uno se siente verdaderamente cerca de la música. Pues más cerca imposible.
servido por beatrizia
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En Madrid hay montones de cosas que hacer, pero al final uno acaba siempre viendo la tele apoltronado en el sillón. ¡Pues no, no siempre!. Ayer, en contra de nuestra costumbre, salimos entre semana para asistir al pre-estreno para la blogsfera del nuevo libro de Suso de Toro, Hombre sin nombre.
La verdad es que yo no sabía muy bien a lo que iba, porque en realidad a quien habían invitado al evento era a Epa, y yo me apunté en calidad de consorte (al final tendré que tragarme mis propias palabras).
En términos absolutos no había mucha gente (entre 20 y 30 personas, calculo yo), pero me sorprendió que la mayoría de los asistentes llevasen su portatil y estuviesen retransmitiendo en directo desde sus blogs. Precisamente por eso, porque ya otros muchos han hablado del asunto mientras estaba ocurriendo y otros lo harán basándose en las notas que tomaron (cosa que yo no hice), y que, por lo tanto, podrán dar una visión más fiel de lo que allí ocurrió, no pretendo con esta entrada hacer una crónica del acto. En lugar de ello me limitaré a aportar mi visión personalísima, aunque sólo sea por pasar de receptora a emisora como pregonan los organizadores del bolo.
Si tuviera que elegir una palabra para definir a Suso de Toro, esa sería reflexivo.
Me gustó mucho que dijera que la izquierda todavía no ha hecho autocrítica sobre lo que ocurrió durante la República y la Guerra Civil. Estoy totalmente de acuerdo, e incluso voy más allá: cada vez que hay una manifestación de izquierdas me pregunto por qué ondean banderas republicanas, por qué la izquierda ha permitido que la derecha se haya hecho con los símbolos de este país, en particular con su bandera, cuando son de todos. Por qué nos averguenza incluso decir España.
Soltó varias perlas más, con las que no tuve más remedio que estar de acuerdo, pero me quedo con una de ellas que realmente me llegó. Al hablar del protagonista de la obra, afirmó que cuando ve noticias sobre abusos a niños u otros hechos similares, se da cuenta de que la mayoría de las veces estas atrocidades las comenten hombres, y que él como hombre se pregunta si tiene esa pulsión que podría llevarle a cometer una barbaridad, y de esa búsqueda interior es de donde surge el personaje. Me parece muy interesante, y creo que poco común, que se haga esta reflexión, que observe el mundo que lo rodea y le haga preguntarse cosas sobre sí mismo, que se mire en el espejo de los demás.
En fin, la presentación fue realmente amena e interesante. Del libro no puedo opinar porque todavía no lo he leído... pero todo llegará.
Gracias a David de Ugarte por invitarnos al evento.
servido por beatrizia
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En la madrugada del martes al miercoles de esta semana, los hermanos Auserón estuvieron en el programa de Buenafuente. Esto me recordó que tenía una crónica pendiente con todos vosotros, mis queridos lectores, porque el día 10 de Junio (¡cuánto tiempo!), Epaminondas Pantulis y yo los estuvimos viendo en la sala La Riviera de Madrid, con su espectáculo Las Malas Lenguas.
Las críticasdel evento prefiero dejarlas a los expertos. Todas las que he leído coinciden en afirmar que la banda que los acompaña en la gira es excelente. A mí también me lo pareció.
Ya conocemos todos ese momento en el que el lider del grupo presenta a la banda para que el público pueda aplaudir individualmente a cada uno de ellos. Creo que en esta ocasión los artistas no se pueden quejar de la ovación que recibieron por parte de los puretillas allí presentes, entre los que, por supuesto, me incluyo. Y allí, en medio de los vítores, me hacía yo la siguiente reflexión: el músico que está ahí, de currante con el artista, ¿no se siente menospreciado cuando el público silba, jalea y grita torero al que pone el nombre, incluso aunque su aportación a la ejecución del espectáculo sea mínima?. Este trabajador de la música, que incluso es posible que se sepa mejor que quien lo contrata, ¿no se plantea cada noche lo injusto del mundo, y sobre todo del mundillo del espectáculo, donde pesa más el nombre que el talento?.
Lo de este concierto, en concreto, fue más sangrante si cabe: Acompaña a la banda Sheilah Cuffy, una corista en mi humilde opinión muy buena, a la que, además, los hermanísimos, y en particular Santiago, dieron bastante prominencia, sobre todo en el último bis, en el que, después de la interpretación en castellano del Imagine, volvieron a tocar la canción, a la que puso voz Sheilah esta vez como solista. Durante el tiempo de este bis, la cantante fue muy aplaudida, y en el repaso final de los componentes, la ovación fue espectacular cuando sonó su nombre. Yo fui, por supuesto, de las que la aplaudió a más no poder, pero tengo que decir que los demás integrantes de la banda eran también excelentes, y sin embargo, aunque la gente les reconoció también su mérito, no fue con un fervor semejante.
Supongo que tendemos a valorar más al que canta, no sé si porque destaca sobre los demás (que al fin y al cabo sólo están haciendo el acompañamiento), o porque pensamos que cantar, por aquello de que se usan sólo los recursos propios (la voz), es más meritorio.
En fin, si teneis ocasión, id a ver el espectáculo, porque merece la pena.
Por cierto, que en la página WEB del programa de Buenafuente no se hace mención a la presencia del grupo en el programa. Voy a ver si lo encuentro en el apartado de actuaciones musicales....
servido por beatrizia
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