Conexión Habana
Autores: Santiago Botello y Mauricio Angulo
Conexión Habana plasma en el papel el reportaje de investigación con cámara oculta que Santiago Botello y Mauricio Angulo realizaron en Cuba tratando de demostrar la implicación del gobierno de este país en el narcotráfico internacional.
El libro describe el proyecto desde su gestación, la preparación que para el mismo realizaron los autores en Sevilla con un amigo de Mauricio Angulo, y el desarrollo de la investigación en Cuba. Esta última parte es la más interesante, sobre todo porque refleja con bastante fidelidad la situación que viven en la actualidad los habitantes de la Isla, donde los naturales tienen prohibido entrar en los hoteles, escasean los medicamentos y la mayoría de la gente ha de recurrir al trapicheo para poder sobrevivir.
En cuanto al objetivo del reportaje (la demostración de que el régimen castrista permite y aprueba el tráfico de drogas desde Sudamérica a EEUU y Europa a través de Cuba) no tengo más remedio que ponerme de parte de los que creen que no se ha conseguido en absoluto.
En este sentido, resulta reveladora la insistencia con la que los autores pretenden convencer al lector de la consecución de dicho objetivo con cada supuesta prueba. En mi opinión, las pruebas deberían demostrar los hechos por sí mismas, sin necesidad de más ayuda.
Los autores afirman en su blog que el libro quiere ser un homenaje a (...) todos los hombres y mujeres presos en Cuba tras un juicio sin garantías. Quizás por este motivo los pasajes en los que se describen las detenciones de las personas que los ayudaron durante su estancia en la Isla son especialmente dramáticos y sobresalientes.
El párrafo que reproduzco a continuación, corresponde al relato de la detención de El Latas, el conductor que contrataron los protagonistas:
El Latas está roto. Llorando, les cuenta que ha perdido a su hijo y no ha podido enterrarle. Los guardias arrogantes entraron en su casa cuando estaba velando al pequeño, que había muerto esa misma tarde. Lo rompen todo, lo mueven todo. Buscaban algo y registran cajones y armarios. No respetan nada, ni siquiera al pobre niño. El teniente Gerardo, mientras realizaban el registro, lo sacó de su ataúd para comprobar que en él tampoco estaba lo que buscaban.
Lo que viene a continuación es un fragmento del capítulo titulado El arresto de Archipiélago GULAG, un libro que Alexander Solzhenitsyn comenzó a escribir en 1958, relatando su experiencia en un campo de concentración en la U.R.S.S.:
El arresto tradicional es también , cuando se han llevado al pobre hombre, la brutalidad, durante muchas horas, en la casa, de una fuerza intrusa, ruda y aplastante. Es arrancar, tirar y apartar violentamente de las paredes los armarios, abrir cajones, desparramar su contenido, apilarlo, pisotearlo. Durante el registro no hay nada sagrado. Cuando detuvieron a Inoshin, maquinista de tren, había en la habitación un ataúd con un pequeñín, que había acabado de morir. Era su hijo. Los "juristas" volcaron el féretro, apartaron el cadáver y buscaron también en el interior de la caja.
Dado que los autores afirman que la descripción de las detenciones y del trato que recibieron estas personas en prisión son el resultado de entrevistas con cubanos que han conocido el horror de las cárceles de Castro, me pregunto si la similitud entre ambos arrestos se debe realmente a que la policía cubana utiliza métodos propios del extinto régimen soviético, o si el testimonio de los entrevistados pudo estar influenciado por esta publicación, la cual, por otro lado, no debe de estar muy bien vista por los dirigentes de Cuba.
O tal vez se trate de un guiño que Santiago y Mauricio han querido hacer a una obra que, como la suya, nació con la intención de denunciar la falta de respeto a los derechos fundamentales por parte de los gobiernos dictatoriales.

